“Una cosa son las descripciones con
pretensión de exactitud; otra, las
representaciones de la realidad, muchas
veces falsas, para la defensa de los
intereses. Es lo que se ha llamado
ideología. La globalización, según
entiendo, no es ni un progreso, ni una
regresión, ni una ideología, ni siquiera
una política; es una etapa de la historia
de la Humanidad y un proceso que da
una dimensión nueva a los fenómenos
ya presentes.”
Joaquín Estefanía:
Hija, ¿qué es la globalización? La primera revolución
del siglo XXI, Editorial Aguilar, Madrid, 2002, p. 14.
La Globalización. Historia y Actualidad
Dimensiones de la globalización
En la actualidad circulan en los medios de comunicación, en los discursos políticos y en la producción académica, diferentes e incluso contrapuestas visiones y valoraciones acerca de la globalización, fenómeno complejo que abarca múltiples ámbitos de la existencia humana contemporánea y que aparece como el proceso más decisivo de la época que vivimos.
Muchas interrogantes permanecen abiertas. Si asumimos que es una etapa de la historia de la humanidad, ¿cuándo se inició?, ¿qué elementos son característicos de ella?, ¿sus características son exclusivas de esta época histórica?, ¿cómo surge este fenómeno?, ¿nos afecta a todos por igual?, ¿es un proceso que se nos impone como una fatalidad histórica o podemos los seres humanos incidir en sus contenidos y en su dirección?
Resulta obvio que éstas y otras preguntas que nos podemos hacer sobre la globalización, no podrán encontrar una respuesta acabada en estas páginas.
En ellas sólo queremos aproximarnos a sus distintas dimensiones y, también, a quienes –desde diversos puntos de vista- han procurado comprenderla e, incluso, influir en su sentido.
1.1. Las complejidades de un concepto
En los últimos años, la globalización se ha instalado como un concepto clave para comprender a nuestra época. Sin embargo, no hay consenso en torno a la dimensión de este fenómeno ni sobre cómo abordarlo. Hay quienes la defienden a fardo cerrado y tienden a verla como un proceso natural y generador de beneficios al que hay que dejar desarrollarse sin restricciones; están también aquellos que reconocen sus beneficios potenciales y reales, pero que están conscientes de sus limitaciones y, por lo tanto, luchan por
reorientar el proceso haciéndose cargo de éste en toda su complejidad; y por último, hay quienes sólo ven en ella un artificio de los países desarrollados para defender sus intereses, que perpetúa las desigualdades y conduce a un caos generalizado. Entre estas posturas existen, por cierto, todos los matices posibles. Sin embargo, nadie pone en duda que la globalización, de una u otra forma, nos afecta a todos. Hoy podemos comunicarnos interactivamente por correo electrónico de manera instantánea con personas u organizaciones situadas en cualquier parte del mundo, disponemos de información inmediata acerca de todo el planeta a través de internet, consumimos habitualmente productos fabricados en las más diversas partes del mundo; nuestros compatriotas trabajan en empresas transnacionales; nos preocupa la violación de los derechos humanos, los desastres de la guerra o la devastación causada por el terrorismo en países lejanos; y acuerdos comerciales con países y regiones cercanas y lejanas tienen cada vez más efectos en nuestras vidas. Todas estas son realidades relacionadas con la globalización.
Hasta la actualidad, la globalización se ha manifestado principalmente en el aspecto económico y, sobre todo, en el ámbito financiero. El dinero ha sido el principal agente que ha adquirido en este proceso una libertad de movimiento prácticamente ilimitada a través de las fronteras. Por eso, hay quienes sostienen que en verdad sólo ha habido globalización de la economía. Sin embargo, como veremos, el proceso es mucho más amplio que sus dimensiones financiera, comercial y productiva. La globalización ha sido acelerada en nuestro tiempo por una revolución científica y tecnológica. Y tiene repercusiones políticas, sociales y culturales de largo alcance que es importante visualizar.
Bernardo Subercaseaux advierte que “la globalización es, entonces, un fenómeno altamente complejo y contradictorio, con múltiples variables, lo que debe precavernos de miradas simplistas o de concepciones ideológicas o fundamentalistas, ya sea que se pronuncien obstinadamente a favor de la misma, fetichizándola como una nueva panacea, o la critiquen en bloque, demonizándola y culpándola de todos los males habidos y por haber”[1].
La globalización no sólo es un fenómeno complejo por el hecho de influir, de una u otra forma, en todos los ámbitos de la vida humana; sino también porque difiere profundamente en la manera que afecta a los diferentes países del globo y a distintos grupos sociales y étnicos que viven en cada uno de ellos. Por lo tanto, para comprender la globalización, es necesario acercarse a aprehenderla teniendo en cuenta los diversos planos y realidades que la condicionan y sobre los cuales –a su vez– incide, así como también considerar las respuestas particulares que por ello mismo genera.
¿Qué entendemos entonces por globalización? Para precisar el concepto conviene revisar diferentes posturas:
El Diccionario de la Real Academia Española, que incluyó la palabra en cuestión por primera vez en su edición de 2001, define globalización como la “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”[2]. En la misma línea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) define la globalización como “la interdependencia económica creciente del conjunto de los países del mundo, provocada por el aumento del volumen y la variedad de las transacciones transfronterizas de bienes y servicios, así como de los flujos internacionales de capitales, al tiempo que la difusión acelerada y generalizada de la tecnología”[3]
Definiciones más recientes, provenientes de la propia ciencia económica, han intentado enriquecer el concepto. Es así como para Joseph Stiglitz, la globalización es ‘la integración más estrecha de los países y los pueblos del mundo, producida por la enorme reducción de los costes de transporte y comunicación, y el desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos de bienes, servicios, capitales, conocimientos y (en menor grado) personas a través de las fronteras. La globalización ha sido acompañada por la creación de nuevas instituciones [y] es enérgicamente impulsada por corporaciones internacionales que mueven no sólo el capital y los bienes a través de las fronteras, sino también la tecnología”[4].
Otras visiones del campo de las ciencias sociales e incluso de las humanidades, si bien amplían las dimensiones del fenómeno, comparten la apreciación acerca de la preeminencia de lo económico en la globalización. Es el caso de Bernardo Subercaseaux, a quien ya mencionáramos advirtiendo acerca de los enfoques unilaterales, quien sostiene que “la globalización –o mundialización expresa una fase del capitalismo que se caracteriza por la libre circulación de flujos financieros y bienes económicos; expresa también una situación nueva en que la lógica de mercado se ha extendido a casi todo el planeta. Se trata de un proceso al que concurre un desarrollo incesante de nuevas tecnologías de comunicación e información, tecnologías que le han quebrado la mano al tiempo, al espacio y a la geografía, generando lo que algunos llaman un mercado-mundo y otros, aldea global. La globalización implica grados crecientes de comunicación e interdependencia en todos los niveles de la vida y entre todas las sociedades del planeta, lo que produce una transnacionalización inédita de los procesos históricos. En lo económico los estados nacionales han perdido soberanía; la liberalización de los mercados expone a cada país a una creciente interrelación y a efectos en cadena; en este contexto los resguardos se ejercen a través de la fortaleza de la propia economía o por la vía de bloques, pactos, mercados regionales o subregionales”[5].
Otros autores ponen el énfasis en la tecnología y sus aplicaciones económicas,
así como en sus efectos en otros ámbitos de la vida social. Según José Joaquín Brunner, “desde hace un tiempo (...) el mundo ha entrado en transición hacia un nuevo sistema tecnológico, organizado en torno a la electrónica, la informática, la robótica y la biotecnología. (...) emerge una sociedad articulada por el conocimiento. La especificidad de esta mutación radica en una cada vez más estrecha conexión entre avance científico- tecnológico y su aplicación a la
esfera de la producción, distribución y consumo de bienes y servicios. (...) el actual proceso ha comenzado a modificar los parámetros cruciales de la sociedad: la división y organización del trabajo, la socialización primaria y la educación, la estructura de la familia y la comunidad, el funcionamiento de las empresas y los mercados, las comunicaciones y los intercambios, las formas de participación y la política, y las propias maneras de representarnos el mundo”[6]6.
Las visiones centradas en lo económico o lo tecnológico, si bien apuntan a aspectos principales de la globalización realmente existente, conducen a una concepción unilateral, limitada o reduccionista de un fenómeno que es multidimensional, aún cuando sus diversas dimensiones han tenido un desarrollo desigual. En este sentido, podemos aplicar a la globalización estas palabras de Fernand Braudel: “La historia económica del mundo es la historia entera del mundo, pero vista desde un solo observatorio: el observatorio económico. Elegir este observatorio es privilegiar de antemano una forma de explicación unilateral y peligrosa”[7].
Jacques Le Goff coincide con el enfoque multifacético de Braudel, según el cual “en toda mundialización hay cuatro aspectos esenciales, que […] constituyen también órdenes: un aspecto económico, un aspecto social, un aspecto cultural y un aspecto político. Insiste también en el hecho de que estos
órdenes, aunque son útiles para analizar el fenómeno, no funcionan y no deben considerarse por separado, sino que forman en cierto sentido un sistema y no se puede aislar la economía de los otros aspectos”[8]8.
Le Goff, aunque reconoce un predominio del aspecto económico en el proceso que llama tanto globalización como mundialización, también amplía su visión hacia otras dimensiones como la política y la cultural, junto con subrayar la historicidad del fenómeno[9].
Aldo Ferrer, por su parte, esboza en su conceptualización uno de los aspectos fundamentales que caracterizan al proceso de globalización: no todos los países o sociedades viven este fenómeno de igual manera. Hay países que lideran, países que se insertan con mayor o menor éxito en ella y países –a veces regiones completas del mundo– que están prácticamente marginados o excluidos. Ferrer plantea que “la globalización refleja el impacto del cambio técnico, la acumulación de capital y las transformaciones en la producción y el comercio mundial. Pero es, al mismo tiempo, un proceso político dentro de la
esfera de decisión de los estados nacionales más poderosos y de las organizaciones económicas y financieras multilaterales (OMC, FMI y Banco Mundial), en cuyo seno aquellos países tienen una influencia decisiva”[10].
José Joaquín Brunner vincula el concepto de globalización (tecnológica y económica) al de posmodernidad (cultural), pues ambos “representan un intento por nombrar algo nuevo y, de esa manera, situarlo dentro de las coordenadas de la historia”[11]. Según Brunner, “el concepto de globalización procura dar cuenta de la novedad de un capitalismo que ha extendido sus límites hasta los confines del planeta, envolviéndolo en la lógica de los mercados y las redes de información y la idea de la postmodernidad pretende
expresar el estilo cultural correspondiente a esa realidad global”[12].
Por último, Joaquín Estefanía somete a examen una definición más general de
la globalización como un “estado de desarrollo planetario sin barreras, donde todo está próximo, accesible, y donde todo comunica y donde, consecuentemente, las solidaridades y las interdependencias se acrecientan”[13]. Esta definición parece apuntar hacia un concepto ideal más que a la historia efectiva, puesto que la realidad ha demostrado que si bien hay una interrelación sin barreras y prácticamente instantánea en el ámbito financiero y de las comunicaciones, las barreras en los otros ámbitos no se han derrumbado con la misma rapidez y se requerirá voluntad e inteligencia política para que así suceda.
(Tomado de: M ó d u l o D i d á c t i c o d e H i s t o r i a y C i e n c i a s S o c i a l e s La Globalización Historia y Actualidad
Autores Alfredo Riquelme Segovia Doctor en Historia Universidad de Valencia
Michelle León Hulaud Licenciada en Historia Pontificia Universidad Católica de Chile
http://www.mineduc.cl/biblio/documento/Modulo_Globalizacion.pdf
[1] Bernardo Subercaseaux: Nación y Cultura en América Latina. Diversidad cultural y Globalización. Editorial LOM, Santiago, 2002, p. 10.
[2] 2 Citado en Joaquín Estefanía: Hija, ¿qué es la globalización? La primera
revolución del siglo XXI. Editorial Aguilar, Madrid, 2002, p.27
[3] 3 Ibid., p.28
[4] 4 Raimundo Ortega, “Un ajuste de cuentas so pretexto de la globalización” en Revista de Libros Nº 69, Fundación Caja Madrid: Globalización. Septiembre,
2002, p.3
[5] 5 Bernardo Subercaseaux:, op. cit., p.3
[6] José Joaquin Brunner, Globalización Cultural yPosmodernidad; FCE, Santiago, p.69
[7] Citado en Jacques Le Goff, “Suerte y desgracia de las mundializaciones”, El País, 24 de noviembre de 2001.
[8] Citado en Ibid.
[9] Ibid.
[10]Aldo Ferrer, DeCristóbal Colón a Internet;América Latina y laglobalización, FCE, Buenos Aires, 1999, p. 17
[12] Ibid., p. 11
[13] Joaquin Estefanía, op. cit, p. 28